Goyo Benito: Sangre, sudor y barro en su camiseta

Ahora y desde comienzos de esta temporada que el Real Madrid anda partido en dos por culpa de las lesiones, se me antoja hablar de Goyo Benito, un jugador del que verdaderamente se puede decir que manchó la camiseta del club más laureado del mundo de sudor, barro y sangre, como pregonaba don Santiago Bernabéu. No en vano, el central sufrió hasta ocho operaciones y se despidió diciendo que había entregado sus rodillas, sus meniscos y su vida por el Real Madrid.



Redacción por: Paula Pineda. Gregorio Benito Rubio era lo que a todos se nos pasa por la cabeza al pensar en un defensa central de los de antes. Iba bien de cabeza, se anticipaba con decisión, gozaba de potencia y salía rápido al corte. Lucía un vistoso bigote que acompañaba a la perfección su imagen de hombre rudo y duro. A pesar de ello, se llevó tantos golpes como lesiones. 

Jugó durante dieciocho temporadas en el Real Madrid, trece de ellas en el primer equipo. Fueron 317 partidos de Liga, en los que marcó dos goles. En la Copa de Europa disputó treinta y tres encuentros, sumando un tanto. En total, entre todas las competiciones, Benito vistió la camiseta blanca en 420 ocasiones, ganando seis Ligas y cuatro Copas de España. 

Los delanteros rivales le respetaban, seguramente por la fama de leñero que le persiguió en los años setenta. Goyo Benito repartía, pero también encontró respuestas a sus golpes. Fue tan regular en su juego como a la hora de tener lesiones. Solía tenerlas casi todas las temporadas. Cinco operaciones de rodillas, dos de la nariz, otras dos de tibia, fracturas de dedos y costillas. Un currículum médico sólo a la altura de un defensa central de los años setenta. En la víspera de su homenaje, Amancio sentenció que Benito se había entregado de lleno por el Real Madrid. En cuerpo y alma, añadiría yo. 

Llegó en el año 1964, con diecisiete años. Su debut con el primer equipo se produjo en 1969, previo paso por el Rayo Vallecano, donde estuvo cedido. Fue Miguel Muñoz el entrenador que le dio la alternativa y Benito respondió siempre con sacrificio. En el año 1984 se puso por última vez la elástica blanca. Era el día de su homenaje, el partido de su adiós dieciocho años después de estampar la firma que le hacía ser lo que todos sueñan: jugador del Real Madrid.

FOTO de cabecera: Reuters