La identidad al final del túnel

El conjunto de Zidane volvió a mostrar solidez e ideas claras en el choque ante el Villarreal
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El Real Madrid volvió a mostrar su mejor cara frente al Villarreal en el día de ayer. Se volvió a ver un equipo comprometido, sólido y solidario. Un equipo con ideas, con lucidez y sabiendo a donde quiere llegar. Y lo que es más importante, cómo quiere llegar, algo que para la afición madridista resulta novedoso por lo vivido en unos últimos meses de zozobra.
La llegada de Zidane suponía una bocanada de aire fresco, o al menos eso queríamos creer. Se empezó bien, con unos jugadores que habían recuperado una motivación perdida con Benítez, y que querían demostrar que su fútbol era mejor de lo exhibido en los primeros compases de competición. Pero fue un espejismo, quizás debido al impulso que ofrece la simple presencia en los banquillos de una leyenda del club, una persona admirada por todos.
En pocos partidos y con apenas espacio para trabajar, hubo tiempo para alabar a Zizou hasta la saciedad, pero también para criticarle cuando empezaron a venir mal dadas. Era evidente que el francés, por muy buen jugador que fuera o entrenador que sea ahora, no puede hacer milagros. Necesitaba tiempo para inculcar una idea a sus jugadores. Y por supuesto, tiempo para intentar dar con la tecla, algo que llegando a mitad de temporada no es nada sencillo. Y ahora, a mediados del mes de Abril, ya en semifinales de Champions y a un punto de los líderes en el campeonato de Liga, podemos decir que se ha conseguido. Zidane ha dado con la tecla. Ha encontrado un once tipo en el que confiar. Once jugadores sobre los que depositar toda su confianza a la hora de la verdad. Y con toda la valentía del mundo, le pese a quien le pese. Y para muestra un botón. Casemiro se ha ganado a pulso estar donde está, no sólo la titularidad, sino ser prácticamente indiscutible, sentando nada menos que a jugadores como James e Isco, con muchísimo más cartel y fuerza mediática a sus espaldas. Y mire, seguimos todos vivos. Cada día sigue saliendo el sol, el Bernabéu no se ha caído y además hay opciones de doblete. ¿Quien nos lo iba a decir?
Volviendo al partido contra el Villarreal, destacable el papel de Lucas Vázquez. El gallego ya se había ganado a Rafa Benítez y poco a poco se ha ganado a su nuevo técnico, y por supuesto, a la grada del Bernabéu. Todos sabemos, porque lo vemos en redes sociales y algún que otro medio de comunicación, que poner a un canterano que tuvo que irse al Espanyol a buscarse la vida desde el Castilla por delante de otros futbolistas, a priori no gusta a todos. Pero Lucas le devolvió la confianza a un Zidane que parece tener muy claro, que en las bandas quiere jugadores con velocidad y desborde, mientras que Isco y James serán opción para el centro del campo como interiores de posesión. Es la idea del entrenador y se respeta a sí mismo.
El Real Madrid de Zidane empieza a ser de Zidane. Es la clara muestra de que un equipo no se hace con los once jugadores más talentosos, ni con los que más camisetas venden, ni siquiera con los que mejor controlan un balón o lo golpean a portería. Empieza a ser un equipo con identidad, con sus más y sus menos, pero con copyright. Obviamente, todavía no se ha ganado nada, y quien sabe, es probable que no se gane. Pero después de lo vivido en la última temporada y media, ver que las cosas se hacen bien y con cabeza, al menos invita al optimismo. Y luego, Dios dirá.