El madridismo de Modric

LA FIRMA INVITADA: Paula Pineda (@7Sempiterno7) Tengo debilidad por Modric. No es sólo por el futbolista que es, aunque Miguel De las Cuevas y Song sea mejores que él, es, sobre todo, porque lo siento y lo veo como un madridista de los pies a la cabeza, uno más, como tú y como yo.


FOTO: MARCA


Del fútbol de Luka se ha escrito y dicho ya mucho y el croata deja muestras de su calidad en cada partido, sólo un ciego no es capaz de ver que está a la altura de ese hombre de los viñedos, de tez blanquecina y voz de estar sujetándolo por sus partes íntimas, ese con el que cada fin de semana Carlos Martínez y Robinson tienen más orgasmos que con sus esposas. "Iniesta de mi vida", le gritó Camacho sudoroso y viril. Luka de mi salvación, llamaría yo a Modric cada día de mi existencia.

Hay en las celebraciones de los goles de Lukita el mismo madridismo que hay en cualquier madridista de a pie. Modric no sólo celebra el gol, lo vive, lo siente, le corre por las venas, le rodea el cuerpo y se lo bebe para no quedarse sin él. Luka salta, gira, vuela, corre despavorido y exhausto, ríe como nadie, aprieta los puños y levanta los brazos, cierra los ojos y se abraza a ti y a mí. Después de un gol del Madrid, lo que más me gusta es cada celebración del mismo por parte de Modric. No hay ni una sola celebración suya que no dé para póster.

Modric huyó de la guerra y fue haciéndose camino hasta llegar al cielo, que no es otra cosa que jugar en el Real Madrid. Él, que escapó de las balas, lo sabe y lo disfruta. Saborea cada día como si fuera el último. Su rostro imperfecto es la viva imagen de la felicidad, su melena lustrosa y amarilla es el faro que ilumina el centro del campo y todas nuestras esperanzas. Hay algo en él que lo convierte en amigo, porque lo vemos como uno de los nuestros, porque cuando juega sienta cátedra y cuando habla, con esa voz rota de quien dejó atrás socavones y cimientos, dice lo que tú y yo pensamos.
A veces me pesa el trascurrir de los días, el lento paso de las semanas, ver cómo caen los meses, los años y, con ello, las temporadas. Cada campaña que dejamos atrás es una menos de Luka Modric en el Real Madrid. Es inevitable el paso del tiempo, tanto como ver cómo caen rivales a su paso, quebrados, rotos de cintura para abajo. Luka da el pase y gol. Y lo celebra. Lo celebra como tú y como yo, porque es madridista, porque todavía no se ha ido y ya se ve como Figo y Ronaldo, sentado en el palco, viendo a su Madrid a los cuarenta y tantos, igual de enamorado de todo esto que ahora.

Lo único que permanece inalterable, que resiste el paso del tiempo, que nadie podrá jamás quitar de en medio es el Real Madrid, pero yo a Lukita ya lo echo de menos, aunque todavía esté, aunque todavía le quede mucho fútbol y mucho vuelo con los puños y los ojos cerrados en cada gol. No dejaremos de verlo por el Bernabéu y puede que, después de todo, no sea en el palco, sino en la grada, para abrazarse a ti y a mí.